Dicen que la experiencia es un grado, pero a los que nos subimos al escenario se nos olvida ese detalle justo cinco minutos antes de empezar.
Da igual cuántas tablas sumemos entre todos: los nervios del estreno siempre están ahí, agazapados, recordándonos que contar historias es un asunto serio... ¡y emocionante!
Pero el viernes pasado, en la celebración del 8-M, ocurrió la magia. A medida que dábamos voz a esas siete escritoras maravillosas, sentimos que el público no solo escuchaba, sino que empujaba con nosotros.
Como podéis notar en la foto, nuestras sonrisas en el saludo final son de alivio puro y ...gratitud infinita.
¡Gracias por esa acogida tan cálida, por celebrar con nosotros el talento de las mujeres recordándonos por qué nos gusta tanto este "lío" de los cuentacuentos!
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